Los maestros de todo el país llevamos año y medio de confinamiento obligado, desde que comenzó la pandemia de COVID-19. Tres semestres en los que tuvimos que adaptarnos a un nuevo entorno tecnológico para poder mantener el servicio educativo, trabajando extenuantes jornadas hasta de dieciséis horas desde nuestros hogares. No obstante, los resultados tienen aspectos difícilmente delimitables en el ámbito académico, a pesar de los indicadores, pues a menudo son manipulados.

Para nuestros alumnos ha sido más que complicado adaptarse a este tipo de educación a distancia. No todos pudieron hacerlo y en lo general, los resultados no fueron los esperados: descendió la matrícula, bajaron los indicadores de aprobación y aprovechamiento; se incrementaron los indicadores de reprobación y deserción.

Para nosotros los docentes, después de tres semestres en que desarrollamos nuestras habilidades tecnológicas para poder mantener el servicio educativo a distancia, visualizamos varios aspectos. La conversión inmediata del trabajo escolar como “Aprendizaje invertido” o “Aula Invertida”,  para combatir el aislamiento voluntario y la organización del Trabajo en línea. 

 Sobre todo en el ámbito de la Educación Media Superior, pero desde luego en la Educación Básica, es necesario revisar los Ambientes de Aprendizaje y elementos que lo conforman, así como la importancia de mejorar la Planeación Didáctica en el trabajo presencial, pero reforzándolo ahora con un buen desempeño en línea.

Debemos revisar la importancia del papel de la Orientación Educativa, la elaboración de un proyecto transversal con rúbricas para evaluar Habilidades Blandas, para atender a los estudiantes que no pudieron trabajar en las plataformas digitales, la capacitación en línea para la aplicación digital de pruebas psicopedagógicas y su valoración, para la integración del expediente único digital. 

Debemos buscar el empate de las habilidades blandas del Marco Curricular Común (comunicación, creatividad, resiliencia, trabajo en equipo, trabajo colaborativo), con las habilidades requeridas en la escuela, en la familia, en la sociedad y en el campo laboral. 

Los alumnos han fortalecido sus habilidades para el autoaprendizaje, pero necesitamos fortalecer aún más la comunicación interinstitucional, incrementar la creatividad de los docentes y alumnos, incluso de los padres de familia. Se hace imperativo construir alternativas y generar materiales interactivos y objetos virtuales. ¿Cómo generar estrategias de atención diferenciadas, de acuerdo a los diferentes ritmos y estilos de aprendizaje de los alumnos?

Hemos aprovechado el papel de los jefes de grupo como apoyo para los docentes en el aula virtual, detonando su solidaridad en el trabajo colaborativo, apoyando a sus compañeros que no tienen las habilidades digitales o infraestructura tecnológica, pero necesitamos construir sinergias académicas para provechar y detonar la participación de los padres de familia.En cuanto a los estilos de enseñanza de los académicos, vemos que tenemos docentes con mayores habilidades que otros.

Antes de la pandemia contábamos con ciertas habilidades y recursos conductuales, teníamos iniciativa y compromiso aislado; solo había adquisición de conocimientos en el aula, pero con poca proactividad del alumno. Nuestra comunicación era vertical y presentábamos desestimación de las habilidades socioemocionales. Había falta de acompañamiento emocional. 

Después de la pandemia, con el Aula invertida y la Digitalización de contenidos, tenemos más competitividad, uso de tecnología y recursos digitales. Procuramos didácticas más significativas, ambientes dinámicos e interactivos; nuestros alumnos son más autodidactas y tenemos una comunicación eficaz e instantánea.

Todo eso nos llevará, en el regreso presencial a las aulas, a la creación de entornos educativos híbridos, donde combinemos las plataformas digitales con la enseñanza presencial, en el aula. Requerimos una revalorización de las habilidades socioemocionales y del papel de la orientación educativa, así como la simplificación de los procesos educativos y administrativos.

Todo eso nos llevará, en el regreso presencial a las aulas, a la creación de entornos educativos híbridos, donde combinemos las plataformas digitales con la enseñanza presencial, en el aula. 

Requerimos una revalorización de las habilidades socioemocionales y del papel de la orientación educativa, así como la simplificación de los procesos educativos y administrativos.

Nuevas propuestas llegan a nuestro quehacer docente: la realización de Cuerpos Colegiados o academias virtuales, reuniones en línea con padres de familia, organización de grupos de nuevo ingreso por estilos de aprendizaje, la organización del expediente digital de los alumnos, utilización de las Redes Sociales en favor del proceso de enseñanza-aprendizaje, etc.

Es necesario recalcar la Importancia de las habilidades socioemocionales, para dar Seguimiento a las habilidades obtenidas en esta etapa de contingencia y seguir potenciando las habilidades y medios de comunicación obtenidos durante este período, así como resaltar el papel de la resiliencia obtenido por todos los miembros de la comunidad educativa (alumnos, padres de familia y maestros).

Debemos aprovechar la información obtenida de manera digital para potenciar el reconocimiento de los estilos de aprendizaje y la enseñanza, con rumbo a una educación diferenciada, centrada en el estudiante. También debemos cuestionar y organizar el centro educativo con base en estrategias que faciliten seguir impulsando el modelo constructivista y el humanismo desde la digitalidad, para impulsar estrategias autodidactas.

Hay que resaltar la importancia de la colaboración entre todas las figuras de la comunidad educativa, alumnos, tutores, administrativos, docentes, orientadoras y directivos, reconocer su papel en el desarrollo integral de los estudiantes. Solo con el trabajo en equipo y colaborativo se crea una educación pertinente para los alumnos. 

Mientras tanto, les invito a continuar con la planeación para el trabajo presencial, sustentando nuestras actividades en la motivación, que parta de los intereses inmediatos de los alumnos y tomar en cuenta que tanto los estudiantes como nosotros, requerimos aplicar una evaluación diversificada. 

Objetivamente, debemos plantearnos un conjunto de interrogantes para nuestro quehacer docente en la presencialidad, tal como la abordaremos en el segundo semestre del ciclo escolar 2021-2022: ¿Cómo vamos a reincorporarnos al trabajo presencial? ¿Cómo vamos a retomar nuestra Planeación Didáctica? ¿Cómo vamos a utilizar ahora nuestras habilidades digitales y las de los alumnos para un mejor desempeño en el proceso de enseñanza-aprendizaje? ¿Cómo vamos a detonar las habilidades blandas de nuestros alumnos? Los docentes: ¿Cómo detonar nuestras habilidades blandas para trabajar en equipo y colaborativamente en nuestros cuerpos colegiados? ¿Cómo podremos utilizar las Redes Sociales (FaceBook, WhatsApp y el Email) para complementar favorablemente nuestro trabajo y el de los alumnos?.

Es evidente que, a pesar de los estragos de la pandemia de COVID-19, han resultado en nuestro beneficio una serie de fortalezas como el trabajo en línea través de diversas plataformas, preponderantemente ClassRoom, apuntalan Edmodo, KanAcademy, etc., que el desarrollo de los estudiantes; el acompañamiento que orientación educativa les viene dando y la convivencia con los padres de familia.

Es importante que los alumnos se involucren habitualmente en actividades que tienen que ver con ellos y con la comunidad, con el trabajo conjunto con los docentes, de ahí que el regreso a clases presenciales es urgente. Una fortaleza importante es que nuestros docentes cuentan con maestrías y doctorados, que nuestros alumnos hayan sido beneficiados en su totalidad con las becas Benito Juárez del gobierno de la Cuarta Transformación. 

Mucho ha tenido que ver el que nuestros docentes hayan recibido capacitación sobre el uso de la tecnología, pues eso facilitó el trabajo a distancia en esta temporada de Pandemia de Covid-19. Mejoró mucho su comunicación con directivos y orientadoras, con los alumnos y padres de familia. 

Hemos aprovechado nuestras oportunidades porque contamos con buenos equipos de trabajo, que tienen optimismo por obtener más herramientas tecnológicas y realizar proyectos para el crecimiento personal de los alumnos. Si bien son importantes los indicadores de abandono y ausentismo escolar que inciden en el fracaso estudiantil, sabemos cuáles son los cambios metodológicos que se requieren y que debemos aprovechar las tecnologías para la comunicación entre docentes, estudiantes y padres de familia.

Debemos generar un buen ambiente de trabajo con docentes, alumnos y padres de familia, para trabajar en la integración de los programas educativos con planificación estratégica en las áreas social, científica y tecnológica, formando las habilidades lectoras y técnicas que nuestros educandos requieren, así como la vinculación con la comunidad mediante proyectos sociales. Pero previamente debemos vencer la resistencia al cambio e introducir innovaciones. Muchos profesores se muestran renuentes a trabajar transversalmente y salir de la cotidianeidad en la que se encuentran; falta comunicación de forma asertiva con toda la comunidad escolar pues existen múltiples problemas de comunicación interpersonal y eso dificulta la interacción de la planta docente y denota la falta de compromiso con las actividades escolares y el escaso trabajo en equipo.

No obstante, la mayor parte de los problemas que confrontamos solo podrán tener salida cuando regresemos totalmente a la normalidad de la educación presencial. Sirvan entonces los espacios de trabajo colegiado para que la libre discusión de sus aportaciones arroje esas líneas de acción que requerimos y que, estamos seguros, con su conocimiento y experiencia, habremos de encontrar para beneficio de nuestros educandos.

Juan Carlos Rojas. Maestro en Ciencias de la Educación. Subdirector Académico de la Preparatoria Oficial Núm. 68 del Estado de México.