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Confrontación política

EL CONTROL DE LA SOCIEDAD Y LA CRIMINALIZACIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL

Juan Carlos Rojas Ibarra 28 de octubre de 2020 no Comments

18 de septiembre de 2020.

EL CONTROL DE LA SOCIEDAD Y LA CRIMINALIZACIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL. El positivismo aportó los elementos teóricos para que el capitalismo pudiera superar las crisis económicas que el modelo reciente, al proponer un estado más fuerte, pero al servicio de la burguesía. El abandono del liberalismo clásico a través de las ideas de John Maynard Keyness y sus seguidores, dio nueva fuerza al modo de producción capitalista y a nuevas formas de explotación del trabajo asalariado, pero también a nuevos desajustes económicos, políticos y sociales. La toma de conciencia de los explotados, los lleva a rebelarse contra el estado de cosas. Como consecuencia del cientificismo positivista, la sociología y la psiquiatría cobraron especial dimensión en la criminalización de los segmentos rebeldes de la sociedad para su segregación o cura para la reintegración social. El papel del estructural funcionalismo fue el de exculpar a la burguesía y al Estado capitalista de ser los promotores de la delincuencia y asignar a los rebeldes o transgresores, el papel de anormales o desviados.

TANTOS SIGLOS DE OPRESIÓN ECONÓMICA, POLÍTICA, SOCIAL Y RELIGIOSA, FORZOSAMENTE DEBÍAN ARROJAR UNA IDEA DE LIBERTAD para el individuo. Más aún si, como lo hicieron las ideas renacentistas, el enciclopedismo y la ilustración, se puso en el centro al hombre. Al querer ensanchar las libertades individuales, también existía la tendencia al acotamiento de las facultades omnímodas, omnipotentes y omnipresentes de un estado monárquico (“El Estado soy yo”, diría Luis XVI haciendo una brutal exégesis de su poder), que asfixiaba como apretadísimo corsé toda la actividad económica. Ahora el liberalismo trataría de reducir al Estado a su mínima expresión, tal como lo previeron Adam Smith y David Ricardo, mentes luminosas del incipiente capitalismo, al proponer un estado pequeño que diera margen a una sociedad robusta (en realidad a la burguesía industrial), dejándole solamente el papel de gendarme social.

AL COMENZAR LAS CRISIS ECONÓMICAS “CÍCLICAS” DEL CAPITALISMO, QUE VATICINARA CARLOS MARX, LA BURGUESÍA SE PROTEGE bajo el manto del positivismo e irrumpe sustituyendo al iusnaturalismo, otorgando el sustento ideológico necesario para una mejor intervención del Estado, no dejar todo a la “mano invisible” del mercado. Es tal la influencia del positivismo, que se expresa en todos los ámbitos a partir de la sociología positivista, fundamentalmente en las ideas que sustenta la sociedad industrial del siglo XIX. El siglo XX vería nuevas catástrofes económicas después de la primera Gran Guerra: el “Big Crash” demostró que se requiere todavía de mayor intervención del Estado. Keynes vendría a dar el sustento que revitalizaría a las empresas a partir de inversiones estatales en obra pública con “efecto multiplicador”. Sí, más margen de maniobra al Estado, pero para mejor servir a los intereses de la libre empresa. Y así surgen las ideas del “control social”.

“EL CONCEPTO DE CONTROL SOCIAL POSEE RAÍCES TERMINANTEMENTE POSITIVISTAS. HERBERT SPENCER UTILIZÓ ESTE TÉRMINO por primera vez, sin embargo, sería hasta fines del siglo XIX que se utilizó con fines integracionistas bajo la influencia de las ideas de Durkheim… De la sociología derivó el concepto de control social tanto para analizar el comportamiento social como para regularlo. Correspondería a Edward Ross el introducir el concepto para aplicarlo en la sociedad norteamericana y posteriormente al estructural-funcionalismo aportar un marco intelectual e ideológico apto para procurar y hasta justificar su aplicación a la sociedad estadounidense en general” (García Ramírez, Francisco Javier, 2008).

DISTINGUE EL AUTOR EN COMENTO ENTRE DOS TIPOS DE CONTROL SOCIAL: EL CONSENSUAL (devenido del integracionismo social del precursor Emily Durkheim y sus continuadores Talcott Parsons y Robert Merton) y que se expresa en la entronización de una “ideología de aceptación donde la sociedad recibe con beneplácito y por su bien las políticas no sólo del Estado sino de aquéllos que desde altas esferas ejercen el poder político, económico y social”: y el conflictual, que “se relaciona con el ejercicio de la violencia por parte de sus instituciones constitutivas.

EN EUROPA FUERON MUY MARCADOS LOS DESEQUILIBRIOS CAUSADOS POR EL LIBERALISMO ECONÓMICO y la administración del Estado liberal guardián, allí el Positivismo propuso un Estado Fuerte que interviniera para salvar tales desequilibrios, los Estados consolidaron instituciones derivadas del Positivismo como la prisión, los hospicios, las casas de trabajo, los hospitales y los manicomios” (ibid). Estos últimos creados para “curar” a los “anormales” o “desviados” sociales, motivándolos, socializándolos, readaptándolos y reintegrándolos a la sociedad. Así, el Estado (siguiendo al autor), utiliza indistintamente el consenso y el conflicto: utiliza la escuela, la familia, la iglesia, los medios de información y demás “agencias institucionales”, para generar los consensos sociales a partir de la ideologización, pero también está presto para utilizar “todas las agencias institucionales (que) están al servicio de la violencia a fin de lograr el control de la sociedad”.

“DEL DISCURSO SE PASÓ AL EJERCICIO DE LA FUERZA MEDIANTE UN CONTROL SOCIAL DEL CONFLICTO. El poder, autoridad, dominio, hegemonía, pasan a ser ejercidos por el Estado por medios represivos para influir y encauzar los procesos sociales, los procesos de criminalización, la represión policiaca, la intervención del ejército en el orden interior, la neutralización en instituciones carcelarias, represión sindical, señalamiento y acoso a quienes hacen uso de su derecho de expresión y manifestación” (ibídem). El Estado ejerciendo su monopolio del uso de la violencia legítima. Utilizando, además, a la ciencia de la sociología para exculpar al sistema, o a la psiquiatría para la atención de los transgresores. Es en este contexto de la lucha de clases, que la burguesía controla al Estado y lo pone a su servicio, aunque en la apariencia el Estado es un ente que gobierna para todos, incluso para los más débiles o marginados. Pero es un Estado de Clase y para una clase, según define brillantemente Carlos Marx.

LUEGO ENTONCES, LA BURGUESÍA UTILIZA TODOS LOS MEDIOS A SU ALCANCE PARA PROPAGAR Y REPRODUCIR SU IDEOLOGÍA DEL EGOÍSMO INDIVIDUALISTA y darwiniano, trocada ahora en la ideología dominante, lo que le permite generar consensos artificiosos, pues esa enajenación mental a que es sometida la otra clase social, la de los trabajadores o “proletariado”, cobra conciencia de que es una clase “en sí y para sí” (como lo define en “La Sagrada Familia”), en los momentos de mayor tensión social: la huelga, la represión policiaca, la carestía, el desempleo y el hurto de sus derechos políticos, económicos y sociales. Vuelta la “burra al trigo”, los trabajadores conscientizados de tal manera, acusarán en la perspectiva de los psicólogos sociales, rasgos neuróticos o “anomia”, que les impiden una adecuada integración al proceso productivo: son desviados o “anormales”. En consecuencia, son susceptibles de tratamiento ya sea en prisión o en los hospitales para enfermos mentales.

EL POSITIVISMO APORTÓ LOS ELEMENTOS TEÓRICOS PARA QUE EL CAPITALISMO PUDIERA SUPERAR LAS CRISIS ECONÓMICAS del modelo reciente, al proponer un estado más fuerte, pero al servicio de la burguesía. El abandono del liberalismo clásico a través de las ideas de Keynes y sus seguidores, dio nueva fuerza al modo de producción capitalista y a nuevas formas de explotación del trabajo asalariado, pero también a nuevos desajustes económicos, políticos y sociales. La toma de conciencia de los explotados, los lleva a rebelarse contra el estado de cosas. Como consecuencia del cientificismo positivista, la sociología y la psiquiatría cobraron especial dimensión en la criminalización de los segmentos rebeldes de la sociedad para su segregación o cura para la reintegración social. El papel del estructural funcionalismo fue el de exculpar a la burguesía y al Estado capitalista de ser los promotores de la delincuencia y asignar a los rebeldes o transgresores, el papel de “anormales” o “desviados”.

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